Somos Lex y Flora (Floortje en holandés) y vivimos con mucha allegría en la hermosa Andalucía. Desde nuestra primera cena en un pequeño y acogedor restaurante portugués en Ámsterdam, hemos estado hablando de emigrar. Flora acababa de regresar de un año de estudio y trabajo como au pair en Londres y estaba lista para descubrir el resto del mundo, Lex tenía un plan "tonto" de ir en bicicleta por la costa de Sudamérica una vez que terminara sus estudios de español.

Después de un par de años viajando mucho a destinos lejanos como México, Thailandia, Malasia y República Doninicana, nacieron nuestras hijas, así que nos instalamos un poco y viajamos por Europa con ellas hasta que tuvieron la edad suficiente para recordar sus experiencias viajeras y luego las llevamos a Sudáfrica. El deseo de emigrar siempre estuvo latente en nuestras mentes... ¡hasta que Lex se vio obligado a cambiar de carrera y supimos que había llegado el momento! Con nuestro coche arrastrando un enorme remolque con la mayoría de nuestras cosas y una tienda de campaña en el techo del coche para dormir durante nuestro viaje (2 adultos, 2 niños y 1 perro...) nuestra aventura comenzó y nos dirigimos al sur de España. En la mayoría de los campings en los que paramos durante nuestro viaje nos recibieron con mucha curiosidad... ¡éramos todo un espectáculo! Después de 3 días llegamos a nuestro destino: ¡Andalucía!

Desde entonces, hemos disfrutado al máximo de vivir bajo el sol español. Flora utiliza su creatividad de todas las formas posibles, desde tejer mantas y adornos para cada alojamiento de la finca hasta hacer joyas de cuero que vende por Internet. A Lex le gusta trabajar al aire libre todo el día intentando controlar la vegetación o construyendo nuevas ampliaciones en la finca y intenta dominar las técnicas del flamenco con su guitarra. Las niñas fueron a escuelas españolas, luego a la universidad y a la escuela de arte y se han convertido en jóvenes adultas que hablan español con fluidez como si hubieran nacido aquí.

Después de un año viviendo en España, un gatito rescatado al que le pusimos el típico nombre holandés de Lotje, vino a quedarse con nosotros, seguido unos años más tarde por Caña, un perro muy tierno, rescatado cuando era un cachorro de las calles de Málaga. A finales de 2019, cuando nos acabábamos de mudar a la finca actual, otro animal decidió convertirse en nuestra mascota, un pequeño gato blanco con una divertida mancha negra en forma de "toupet" en su cabecita y una cola negra. 2022 fue un año con una doble ventaja: un pequeño cachorro negro se abrió camino a través de la valla de los vecinos y ahora se llama Nala, seguido por un gatito anaranjado, nacido en la propiedad de otro vecino. Vino a visitarnos con su madre y decidió quedarse, sin importar cuánto intentó su madre llevárselo a casa. Lo llamamos Simba y es el mejor amigo de Nala.